La pérdida sensorial completa y brusca que mayor afectación psicológica produce es, sin duda, como ha sido avalado por muchos estudios psicológicos, la pérdida de la audición. Quien sufre esta situación se ve sumergido en un abismo de aislamiento en el que la comunicación con su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo y la sociedad se vuelve imposible. Sin embrago, es quizás socialmente poco valorada frente a otras como la pérdida de visión.

La pérdida completa de la audición de forma progresiva también produce un grado de afectación psicológica importante, aunque al paciente le da tiempo de ir en parte adaptándose. No obstante, cuando debido a la progresión de la sordera llega el momento de sentirse incapaz de llevar a cabo sus relaciones sociales o bien el desarrollo de su trabajo, esa afectación aumenta.

Hasta hace unos años esta situación no era recuperable o tratable. Afortunadamente, hoy en muchos casos sí. Cuando la inteligibilidad del lenguaje ha desaparecido por la sordera y esta es de unas características determinadas, es potencialmente reversible mediante el implante coclear.

Por BruceBlaus. When using this image in external sources it can be cited as: Blausen.com staff. "Blausen gallery 2014". Wikiversity Journal of Medicine. DOI:10.15347/wjm/2014.010. ISSN 20018762. (Trabajo propio) [CC BY 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], undefined

Por BruceBlaus. When using this image in external sources it can be cited as: Blausen.com staff. “Blausen gallery 2014“. Wikiversity Journal of Medicine. DOI: 10.15347/wjm/2014.010. ISSN 20018762. (Trabajo propio) [CC BY 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], undefined

Este tratamiento ha supuesto un hito en la historia de la Medicina y de sus logros, siendo la primera vez que el ser humano ha sido capaz de sustituir con éxito un órgano de los sentidos por un dispositivo electrónico, y supone hoy día la prótesis neurológica que mejor resultado ofrece.

Hay aproximadamente 1.000.000 de personas en el mundo candidatas a llevar un implante coclear, de ellos 300.000 ya han sido implantados, 25.000 en España, de los cuales 4.000 son niños que nacieron sin poder oír.

Los otorrinolaringólogos lo conocemos, existen publicaciones sobre su utilidad y el rendimiento que consiguen los pacientes que lo portan, pero ¿qué ocurre con los trabajadores que han precisado este tratamiento? ¿volvieron a trabajar? ¿si no volvieron, por qué fue? ¿tienen todos los trabajos los mismos requerimientos en cuanto a comunicación? ¿todos los pacientes que lo portan llegan al mismo resultado funcional o la misma capacidad para relacionarse? Son cuestiones interesantes.

Solo hay tres estudios publicados en el mundo que hablen de la reincorporación laboral después de recibir un implante y lo hacen de forma general, limitándose a analizar si los trabajadores volvieron o no a trabajar, sin entrar en matices.

Nos pareció muy interesante profundizar en este análisis y para ello desarrollamos este estudio, que nos ha enseñado mucho no sólo con sus resultados, sino también con el contacto con los trabajadores y la posibilidad de conocer su experiencia.

El punto de partida del análisis era evaluar los niveles de reincorporación laboral en trabajadores sordos profundos tratados mediante implante coclear, pero teniendo en cuenta tanto los requerimientos en cuanto a comunicación de su trabajo, como la capacidad funcional de comunicación resultante tras el implante.

Para ello, estudiamos como población a los pacientes en edad laboral que habían recibido un implante coclear en una de las dos unidades de implante autorizadas en Andalucía, concretamente en la de Andalucía Occidental ubicada en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Desde que se inició este tratamiento, la unidad ha tratado y presta seguimiento clínico a un total de 166 pacientes, 72 de ellos en edad laboral. Pudimos contar con la autorización y la colaboración final de 60 trabajadores.

Había aspectos que nos resultaron muy interesantes para realizar este estudio. En primer lugar, que no había en la literatura científica ni publicación alguna realizada bajo este enfoque, también nos pareció interesante analizar qué proporción de trabajadores conseguían una capacidad en comunicación igual o superior a la requerida por su puesto de trabajo, y finalmente la posibilidad de aproximarnos a la eficiencia de este tratamiento.

Algunos de los resultados de este estudio fueron:

  1. La población estaba compuesta prácticamente al 50 % por hombres y mujeres.
  2. El 83 % de ellos había perdido la audición después de haber desarrollado el lenguaje (sordos postlocutivos).
  3. La edad media en el momento del estudio fue de 49 años y en el momento del implante de 45.
  4. De ellos, un tercio había perdido la audición de forma brusca y el resto de forma progresiva.
  5. El 91,66 % logró un restablecimiento de sus relaciones sociales fuera del entorno familiar.
  6. Cuando les preguntamos cómo pensaban que iban a oír antes de recibir el tratamiento, la mayoría un 51,66 % pensaban que sólo serían capaces de relacionarse con una sola persona y en un ambiente cerrado o protegido, una vez finalizado el proceso de implante (intervención quirúrgica y rehabilitación auditiva), la mayoría el 53,66 % manifestaban que eran capaces de lograr un grado mayor de funcionalidad. Es decir, relacionarse con mas de una persona a la vez y en ambientes abiertos o con ruido de fondo. Y solo un 7 % no logró comunicarse mediante el implante.
  7. El 90 % tenía o había tenido una vida laboral activa antes del implante, el 26 % de ellos en trabajos “protegidos” para personas con discapacidad.
  8. Los trabajos eran muchos y muy variados pero el 50 % tenían trabajo previo en los que la comunicación no formaba parte fundamental del mismo.
  9. El 74 % manifestó que tras el tratamiento se encontraba en condiciones de retomar una vida laboral activa en su puesto anterior o en otro con menor requerimiento en comunicación y el 65 % en su puesto anterior.
  10. El 59 % manifestaba su voluntad de volver a trabajar tras el implante, aunque otro 41 % no deseaba volver a realizar una actividad laboral.
  11. Cuando comparamos el resultado funcional con los requerimientos de su puesto de trabajo, observamos que: el 73 % adquirió una capacidad en comunicación mayor o igual a la requerida por su puesto de trabajo, de ellos se reincorporó el 43 % si bien otro 8,3 % estaba en búsqueda activa de empleo y lo podríamos asimilar. Sin embargo un 26 % no lo hizo y de ellos solo un 8,3 % tenían alguna otra patología que justificase su no incorporación.
  12. También analizamos el momento en que se le reconoció la incapacidad permanente a aquellos 20 trabajadores que no volvieron a trabajar por ese motivo y observamos que a 6 se les reconoció antes de ser implantados pero a 14 se les reconoció después y 10 de ellos tenían una capacidad mayor o igual a la requerida por su puesto laboral.

Estos algunos de los datos que para nosotros han sido muy reveladores. El tratamiento demuestra ser muy eficaz en nuestro medio y permite, en un porcentaje muy alto, tanto la reincorporación laboral en muchos trabajadores como la vuelta al restablecimiento de las relaciones sociales fuera del ámbito familiar. También animar a los trabajadores que padecen esta pérdida sensorial, porque hemos comprobado que para un porcentaje alto de ellos, una vez superada la falta de comunicación, la vuelta al trabajo es posible.

Si bien se trata de una sordera de carácter irreversible, debemos asimilar que con este tratamiento sus consecuencias en cuanto a la falta de comunicación ya no lo son y las posibilidades de normalizar la vida del paciente, incluida su vida laboral, es posible en un considerable porcentaje de ellos. Lo que supone, como pudimos comprobar, un elevado grado de normalización en sus vidas y les aporta importantes beneficios psicológicos y de autoestima.

El implante coclear es un tratamiento caro que en España es financiado por el Estado. Eso garantiza lo más importante: que esté al alcance de todo aquel que lo necesite. Pero también debemos pensar en la eficiencia del tratamiento y su rentabilidad, evitando costes añadidos a los fondos públicos como son los derivados de una incapacidad permanente en trabajadores que hubieran podido reincorporarse a su trabajo. Mas si cabe, si consideramos el trabajo como un bien preciado.

Quizás algún día las personas ciegas puedan beneficiarse de un dispositivo como este y puedan volver a ver. De momento hemos conseguido que las personas que padecen una sordera profunda bilateral puedan volver a oír, a comunicarse y a algo más… algo que los trabajadores que tan amablemente colaboraron en nuestro estudio nos enseñaron, y con lo que nos sorprendieron una vez mas: “alguien que pasa meses o años sin oír nada añora volver a oír muchas cosas, pero hay algo muy especial que todos quieren pronto volver a sentir…el sonido del mar”.

Héctor Pellín Bermúdez.
Médico residente de medicina del trabajo en Hospital de Día Asepeyo Cartuja.
Portal Sanitario Asepeyo